Siente la belleza y la diversidad de la naturaleza en los parques nacionales de Japón
Japón cuenta tanto con bellezas naturales gestionadas de una manera sostenible, como con ciudades futuristas y cultura pop por igual. A lo largo de los 3000 kilómetros del archipiélago, de norte a sur, podemos encontrar una gran variedad de paisajes increíbles. Los 35 parques nacionales del país ofrecen la oportunidad de descubrir la maravillosa diversidad de la naturaleza de muchas maneras, desde ascender montañas nevadas y maravillarte contemplando lagos cubiertos de hielo, a relajarte en playas tropicales o caminar por densas selvas tropicales habitadas por una fauna salvaje endémica. Las reservas naturales de Japón abarcan tanto zonas vírgenes más aisladas como zonas de fácil acceso desde las grandes ciudades, brindando numerosas opciones para todo tipo de aventureros en función de sus capacidades y preferencias.
En el extremo norte de la costa del mar de Ojotsk, al este de Hokkaido, se encuentra el parque nacional de Shiretoko, uno de los lugares más remotos que existe. Si bien hay algunas carreteras que atraviesan la montañosa península de Shiretoko –su nombre significa «fin de la tierra» en la lengua nativa ainu– una gran parte de las tierras vírgenes solo pueden ser vistas en barco o yendo a pie.
Algunas partes del parque son totalmente inaccesibles durante el invierno, y en esta época, la mejor forma de conocer Shiretoko es desde el agua. El hielo a la deriva proveniente del norte del mar de Ojotsk pasa por la península entre enero y abril, por lo que las excursiones a pie sobre hielo y los cruceros entre el hielo a la deriva son actividades estacionales muy populares. Una vez que el crudo invierno deja paso a los suaves rayos de sol y al brillante verdor de la primavera, los Shiretoko Goko (los Cinco Lagos) de la parte occidental de la península se liberan de su cubierta helada, mostrando un ecosistema pantanoso lleno de vida. El paisaje puede contemplarse desde un camino elevado o desde varios senderos alrededor de los lagos. De mayo a julio, es importante caminar por los senderos acompañado de un guía titulado, ya que es la época en la que los osos de Shiretoko están más activos.
Cuando suben las temperaturas en la zona de Shiretoko, aparecen también otros grupos de animales majestuosos. En primavera y verano, cachalotes, ballenas minke y orcas atraviesan en manada el estrecho de Nemuro, en la zona este de la península. Los cruceros de avistamiento de ballenas salen del puerto de Rausu, una zona conocida por sus poblaciones de aves, como el águila marina de Steller y el águila de cola blanca. Aunque las diferentes estaciones atraen diversas especies a Shiretoko, siempre es posible encontrar fauna salvaje autóctona en todo el parque nacional.
En contraste con Shiretoko y sus dramáticos cambios de paisaje de una estación a otra, el parque nacional de Setonaikai tiene un clima más suave, lo cual hace que las playas de arena, los frondosos bosques y los históricos pueblos de esta extensa reserva sean cómodos de visitar durante todo el año. Se trata de uno de los parques nacionales más antiguos de Japón, y se extiende por la región del mar interior de Seto, incluyendo lugares muy destacados como el cautivador archipiélago del mar interior, la cordillera Rokko, los remolinos del estrecho de Naruto, y la isla sagrada de Miyajima, frente a la costa de Hiroshima.
Entre las numerosas opciones disponibles para desplazarte por esta zona y apreciar su paisaje cubierto de islas, el ciclismo y el piragüismo se encuentran entre las más apasionantes. Los ciclistas pueden optar por ver el Shimanami Kaido, una ruta espléndida de 70 kilómetros a través de puentes que conectan seis islas del mar interior de Seto. Para aquellos que deseen disfrutar del paisaje marino de manera más relajada, la mejor opción es alquilar un crucero o un velero. De esta forma, se puede explorar el mar interior a tu ritmo, con la libertad de decidir tu propio horario e itinerario.
Cada tres años, el parque nacional de Setonaikai se convierte en un bello escenario para la Trienal de Setouchi, el festival de arte internacional. Los museos y las diversas obras de arte de islas como Naoshima, Teshima e Inujima, diseñadas para lograr una relación simbiótica con la naturaleza que los rodea evitando alterar el paisaje del mar interior de Seto, muestran una fusión de arte contemporáneo vanguardista e iniciativas de sostenibilidad con visión de futuro.
Más al sur de Okinawa, el tiempo parece detenerse mientras exploras los antiguos bosques tropicales, los profundos mares azules, y conoces la asombrosa diversidad presente en la vida salvaje del parque nacional de Yambaru. Esta naturaleza subtropical, que ocupa más de 17 000 hectáreas y está situado en el extremo norte de la isla de Okinawa, es el hogar de numerosas especies de flora y fauna poco comunes que están en peligro de extinción. Entre ellos se encuentra el rascón de Okinawa, que solo vive en Yambaru y en sus alrededores.
Muchas de las especies que viven en Yambaru son nocturnas y prefieren no ser vistas, pero un paseo nocturno por el bosque en compañía de un guía experto, puede dar lugar a encuentros inolvidables. Las excursiones nocturnas a pie ofrecidas en el parque, permiten conocer los esfuerzos que se realizan para la conservación local, y si además la noche está despejada, también es posible contemplar el espectacular cielo nocturno libre de cualquier contaminación lumínica. Durante el día, navegar en kayak por el bosque de manglares de la bahía de Gesashi –uno de los mayores bosques de la isla de Okinawa– es una buena opción para explorar de manera relajada este delicado ecosistema.
El parque nacional de Yambaru también alberga uno de los lugares sagrados más venerados de Okinawa. En Daisekirinzan, un lugar de senderismo situado en el extremo norte del parque nacional, cuatro picos emblemáticos se elevan sobre un paisaje de curiosas formaciones rocosas y vegetación exótica. Aquí, la realeza de la dinastía Ryukyu (1429–1879) rezaba a las deidades de las islas para recibir prosperidad y protección, y se conservan docenas de antiguos lugares de culto entre el denso bosque y las piedras calizas que lo llenan.